Cuando una sala de emergencias está pensada para adultos mayores
HabÃan sido unos meses muy duros. En mayo, Cynthia Tompkins fue hospitalizada por osteomielitis —una infección en los huesos— y luego pasó seis semanas en un centro de rehabilitación. “Fue una lucha, y no me recuperé muy bien”, contó.
Tompkins regresó a su casa en San Diego, pero todavÃa tomaba antibióticos, además de varios medicamentos para la diabetes, el dolor y los coágulos sanguÃneos. La muerte de su esposo el año anterior y, recientemente, la de su mejor amiga, la habÃan dejado desanimada.
A principios de julio apareció un nuevo sÃntoma: vómitos intensos en tres ocasiones en un perÃodo de unas 24 horas. “Estaba completamente agotadaâ€, recordó. “Me sentÃa cada vez más débilâ€. Una amiga que estaba de visita llamó a una ambulancia.
“Es el último lugar al que uno quiere ir: la sala de emergencias, la ERâ€, dijo Tompkins, de 75 años, maestra jubilada y ex directora de un programa para familias. Imaginaba que pasarÃa horas en una camilla incómoda, en un pasillo frÃo. Asà que cuando llegó de madrugada a la sala de emergencias de UC San Diego Health, en La Jolla, “estaba hecha un manojo de nerviosâ€, añadió.
Pero el lugar era muy distinto de lo que esperaba. Desde 2022, todas las ER para adultos de San Diego están acreditadas como departamentos de emergencias geriátricas, rediseñadas para responder a los riesgos y necesidades especÃficos de estos pacientes. Estudios recientes muestran que este enfoque puede entre los adultos mayores, además de disminuir los costos.
“Me llevaron directamente a una habitaciónâ€, contó Tompkins. Allà la pusieron en una camilla con un colchón más grueso para prevenir las escaras y le dieron mantas. “Me pusieron una vÃa intravenosa de inmediato porque necesitaba lÃquidosâ€, dijo.
Le gustó que la pequeña habitación, separada por cortinas y con paredes que absorbÃan el sonido para reducir el estruendo habitual de la atención de emergencia, tuviera una silla acolchada para la amiga que se quedarÃa con ella y una ventana con vista a los árboles.
La ventana también cumplÃa una función médica. Los pacientes “pueden ver si es de dÃa o de nocheâ€, dijo Denise Valenzuela, la enfermera geriátrica de emergencias asignada a Tompkins. “Eso ayuda a prevenir el delirioâ€, explicó, el cambio repentino del estado mental que puede aparecer en adultos mayores hospitalizados y que aumenta el riesgo de demencia.
Enseguida “simplemente sentà tranquilidadâ€, explicó Tompkins. “Sentà que estaba donde necesitaba estar en ese momentoâ€.
Desde 2017, el Colegio Estadounidense de Médicos de Emergencias ha otorgado acreditación a 624 departamentos de emergencias geriátricas en todo Estados Unidos, incluidos 73 en centros médicos del Departamento de Asuntos de Veteranos. “Es un ritmo de crecimiento bastante exponencialâ€, afirmó Kevin Biese, médico de emergencias que dirige la Geriatric Emergency Department Collaborative.
Son pocas las unidades que atienden exclusivamente a pacientes mayores. Muchos, como el departamento de emergencias de La Jolla, reciben a personas de todas las edades, pero incorporan prácticas y protocolos adaptados a los adultos mayores, en un entorno diseñado para prevenir la desorientación, las caÃdas y otros riesgos propios de la vejez. Se clasifican desde el Nivel 1, para las que cumplen con el mayor número de criterios, hasta el Nivel 3.
Los adultos de 75 años o más llegan a las ER , excepto los bebés: en 2022 hubo 76 visitas por cada 100 personas. Sin embargo, la atención de emergencia convencional “no fue diseñada correctamente para las necesidades de los adultos mayoresâ€, argumentó Biese.
La misión de una ER tradicional es identificar rápidamente el problema principal y resolverlo, o ingresar al paciente al hospital para continuar el tratamiento. “Preguntamos: ‘¿Cuál es el motivo principal de la consulta?’â€, dijo Biese. “E±ô paciente se cayó por las escaleras y se quebró una piernaâ€, por ejemplo.
Sin embargo, los pacientes mayores rara vez llegan con un solo problema de salud.
Como Tompkins, la mayorÃa tiene varias afecciones crónicas, toma varios medicamentos y necesita distintos análisis y evaluaciones. Los equipos de emergencias geriátricas capacitados no se concentran solamente en la pierna fracturada, sino también en determinar qué fue lo que provocó la caÃda y cómo prevenir otra.
“Un departamento de emergencias no evalúa de manera rutinaria el delirio ni el deterioro cognitivoâ€, explicó Ula Hwang, médica de emergencias e investigadora de NYU Langone Health. “Pero es una de las primeras cosas que hacen los departamentos de emergencias geriátricasâ€, junto con una revisión minuciosa de todos los medicamentos del paciente.
Las ER geriátricas también intentan contrarrestar las dificultades sensoriales, otro factor que contribuye al delirio, proporcionando anteojos para leer y dispositivos que amplifican el sonido. Atenúan las luces intensas y ofrecen antifaces y tapones para los oÃdos para facilitar el sueño. Si Tompkins hubiera olvidado su andador, la unidad le hubiera prestado uno.
Estos departamentos también buscan abordar un problema cada vez más frecuente en las ER: las horas, o incluso dÃas, que los pacientes ya admitidos deben esperar para que haya una cama disponible que permita trasladarlos fuera de emergencias, una práctica conocida en inglés como boarding.
“E±ô boarding prolongado ha aumentado entre los adultos mayoresâ€, dijo Cameron Gettel, médico de emergencias e investigador de la Facultad de Medicina de Yale, en referencia a esperas que superan las tres horas. Gettel es coautor de un
Pasar más tiempo esperando una cama no es simplemente incómodo o inconveniente. Investigadores estudiaron a pacientes de 75 años o más en departamentos de emergencias de toda Francia. Encontraron que aquellos que permanecieron allà durante la noche antes de ser trasladados a una sala tuvieron una (15.7%) que quienes fueron ingresados en una unidad antes de la medianoche (11.1%). Pasar la noche en emergencias esperando una cama también se asoció con más caÃdas e infecciones.
Sin embargo, lo que el personal de emergencias geriátricas prefiere es ayudar a los pacientes a evitar por completo la hospitalización. “Ingresar al hospital puede no ser lo mejor para un adulto mayorâ€, sostuvo Hwang. “PodrÃa ser lo peorâ€.
Los pacientes hospitalizados, explicó, están expuestos a infecciones, errores del personal y al rápido deterioro fÃsico que puede ocurrir después de pasar varios dÃas en cama. Todos estos factores representan una amenaza mayor para los pacientes de edad avanzada.
Estudios han encontrado desde los departamentos de emergencias geriátricas, pero la mayorÃa de estos trabajos se realizaron en uno o dos hospitales. Ahora, Hwang y su equipo utilizaron datos nacionales del estudio federal Health and Retirement Study y datos de facturación de Medicare de casi 4.600 adultos de 65 años o más, comparando a quienes fueron atendidos en departamentos de emergencias geriátricas con un grupo similar atendido en ER convencionales.
Las diferencias fueron contundentes: los pacientes atendidos en las unidades geriátricas tuvieron un y una reducción del 38% en la mortalidad durante los 30 dÃas siguientes. Además, según otro estudio dirigido por Hwang, las ER geriátricas permitieron a hasta unos 3.000 dólares por visita.
Asà que contar con más de representa un gran avance pero también, en un paÃs con , muchas oportunidades desaprovechadas, remarcó Biese.
“AnimarÃa a la gente a preguntar por qué sus hospitales no tienen un departamento de emergencias geriátricas acreditadoâ€, agregó. “DeberÃamos exigirloâ€.
En La Jolla, Tompkins comenzó a sentirse más fuerte. A través de la vÃa intravenosa recibió lÃquidos y medicamentos contra las náuseas, y se corrigieron las alteraciones de electrolitos que habÃan revelado sus análisis de laboratorio. Pudo beber pequeños sorbos de agua y jugo y comer algunas galletas.
Una serie de otras pruebas y estudios por imágenes no encontró problemas graves. Después de completar una evaluación geriátrica, Valenzuela, la enfermera, sospechó que Tompkins no habÃa estado alimentándose bien y que tomaba sus medicamentos con el estómago prácticamente vacÃo.
Alrededor de las 6 de la tarde, Tompkins y su médico estuvieron de acuerdo en que podÃa volver a casa. Salió del hospital con números de teléfono a los que podÃa llamar si necesitaba más ayuda y varios miembros del personal la contactaron por teléfono posteriormente para saber cómo se encontraba.
“Mejorâ€, fue su respuesta. “Se ocuparon de mà como una persona integral y me encaminaron correctamenteâ€, explicó Tompkins. “Estoy progresando. Es lento, pero estoy bienâ€.
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