Pesadilla por acariciar a un gato: infecciones, rabia… y cuentas sorpresa
Estaba acariciando a un gato color naranja, de pelaje atigrado, en mi vecindario de Falls Church, Virginia, al que nunca habÃa visto antes. Era muy lindo. Y ronroneaba, apoyando su cabecita contra mi mano. Hasta que dejo de ser agradable.
El gato hincó los dientes en mi muñeca, me gruñó y salió corriendo. Asà comenzó mi episodio personal de Law & Order: Feline Victims Unit, un show completo con fotos de gatos “buscados� y controles semanales de funcionarios locales de control de animales y de salud pública. Y vacunas contra la rabia. Múltiples vacunas contra la rabia en la sala de emergencias. Y más de $26,000 en costos de atención médica, una cantidad alarmante teniendo en cuenta que estaba perfectamente saludable durante toda la pesadilla.
Lo que aprendÃ, además de los datos fascinantes sobre la rabia, su transmisión y las horribles formas en que uno puede morir por culpa de ella, es que cualquiera de nosotros está a un simple rasguño del peligro financiero, si no tenemos la suerte de tener un buen seguro de salud. Nuestro confuso sistema de atención médica hace que sea demasiado fácil para una persona que debe recibir atención médica posponerla o evitarla, incluso cuando esa decisión pudiera ser fatal.
Después del encuentro con el gato, fui a una clÃnica cercana de urgencias, donde una enfermera me entregó un formulario para completar, que la ciudad usa para rastrear las mordeduras de animales. Envió el formulario por fax al departamento de salud y un oficial de policÃa me visitó tan pronto como regresé a casa.
Me preguntaron: “¿Conoces al gato?” Después de investigar un poco en el grupo de Facebook de mi vecindario, empecé a sospechar a quién pertenecÃa. Pero no estaba ciento por ciento segura.
Es por eso que tres dÃas después de la mordedura estaba en la sala de espera de la sala de emergencias. Cuando un animal muerde a alguien, el procedimiento es ponerlo en cuarentena durante 10 dÃas. Si el animal no desarrolla sÃntomas de rabia durante ese tiempo, es seguro decir que la vÃctima humana tampoco desarrollará la enfermedad.
Pero si no se puede identificar o capturar al animal, la recomendación es comenzar el tratamiento preventivo posterior a la supuesta exposición a la rabia. Iba a necesitar una inyección única de inmunoglobulina humana contra la rabia y luego cuatro inyecciones de la vacuna, administradas a lo largo de dos semanas.
Se estima que entre 40,000 y 50,000 personas reciben estos tratamientos cada año después de la exposición a animales potencialmente rabiosos, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).
Pensé en arriesgarme y omitir el tratamiento. Las probabilidades de que el gato que me mordió tuviera rabia eran, supongo, casi nulas. Probablemente era la mascota de alguien y no parecÃa tener ningún sÃntoma. Pero la rabia es fatal. Esa era la frase que mi médico, el oficial de control de animales, mis amigos y los funcionarios de salud pública seguÃan repitiendo. Una pequeña posibilidad no es lo mismo que ninguna.
Traté de ser una consumidora de atención médica responsable e investigar opciones. La sala de emergencias es el único lugar que puede administrar inmunoglobulina, por lo que sabÃa que esa era mi primera parada. Pero esperaba ir a otro lugar para las próximas tres citas, donde recibirÃa la vacuna contra la rabia.
Me senté, teléfono en mano, con los agentes de mi aseguradora, mientras intentaban encontrar un proveedor dentro de la red que almacenara la vacuna contra la rabia. No encontraron a nadie. Mi médico de atención primaria me dijo que las personas generalmente terminaban recibiendo las dosis de seguimiento en la sala de emergencias. El personal de la clÃnica de urgencias me dijo que no tenÃan la vacuna en stock, pero que podrÃan haberla pedido con anticipación si hubieran sabido que la necesitarÃan. Como no habÃa previsto que un gato me mordiera, fui descuidada y no llamé con anticipación.
El personal de la sala de emergencias me dijo que las clÃnicas especializadas en viajeros pueden administrar la vacuna, pero el procedimiento generalmente no está cubierto por el seguro. Además, para cumplir con el estricto calendario de vacunación, necesitaba un lugar abierto un domingo, que no pude encontrar.
El Departamento de Salud Pública del condado de Fairfax, Virginia, dijo que el condado no administra vacunas contra la rabia en sus clÃnicas. Dos clÃnicas de urgencias me dijeron que tampoco podÃan proporcionar la vacuna, a pesar que una de esas clÃnicas está en el mismo campus que la sala de emergencias.
Lo que me dejó en el mismo lugar en donde comencé.
Aunque mi seguro se hizo cargo de la cuenta completa para esa primera visita a la sala de emergencias, la factura del hospital llegó a $17,294.17. Mi proveedor de seguros negoció esa cuenta hasta reducirla a $898, y la pagó.
Para las siguientes tres visitas, me administraron dosis de , producidas por GlaxoSmithKline. Aunque recibà el mismo tratamiento en cada una de estas visitas, el hospital facturó a mi seguro montos ligeramente diferentes cada vez: $2,810.96, $2,692.86 y $2,084.36. (Si hubiera podido comprarlas en una farmacia, me hubieran costado alrededor de ).
La rabia no es la única complicación posible de una mordedura de gato. Muchas se infectan, por eso me fui de la urgencia con un suministro de amoxicilina, un antibiótico para 10 dÃas. Según la policÃa, el gato que me mordió es un delincuente reincidente. Hace poco, una vecina desarrolló una infección desagradable después de una mordedura de un gato atigrado color naranja grande (nadie pudo confirmar si era el mismo gato) y desde entonces ha necesitado cirugÃa. También se sometió al tratamiento contra la rabia.
Tuve la suerte de no sufrir una infección, pero mi compañÃa de seguros tuvo que pagar una factura final: $206 para ver a mi médico de cabecera después que desarrollé una erupción cutánea, probablemente por el antibiótico. Haciendo cuentas, eso eleva el total a $26,229.35.
TenÃa la esperanza de donar mi sangre, ahora rica en anticuerpos contra la rabia, para que la utilizaran para crear más inmunoglobulina para futuras vÃctimas de mordeduras. Desafortunadamente, mi nivel de inmunidad no es lo suficientemente alto. La mayorÃa de las personas que donan su plasma para este propósito se han sometido a la vacuna contra la rabia muchas veces.
Un trabajador de salud pública dijo que recomendó la donación de plasma a un conocido suyo que estudia a murciélagos en peligro de extinción, una carrera que nunca hubiera elegido. De hecho, si cualquier animal salvaje me muerde en el futuro, aún tendré que regresar a la sala de emergencias para dos rondas más de vacunas.
Por lo tanto, dejo atrás esta experiencia con un aumento moderado de la inmunidad, poca comprensión de cómo se calculan las facturas médicas y un nuevo miedo a los gatos que andan sueltos. Pero también con un aprecio renovado por los trabajadores de salud pública.
En cuanto al gato, la policÃa me dijo que fue puesto bajo arresto domiciliario.